Que nos enorgullezca, formar parte del órgano mas importante de una fuerza política, en este caso la Unión Cívica Radical, no es demasiado importante mas que para nuestro circulo familiar y de amistades íntimas, pero que podamos complacernos con esta recuperación del affectio societatis que los radicales logramos en esta convención de Mina Clavero, es un dato del que debemos encargarnos de hacer saber a la sociedad argentina, que sufre el retaceo de los medios masivos, a un evento de pura discusión política, al que los radicales un poco por madurez y otro por hartazgo nos encargamos de escamotearles el título que vinieron a buscar.
No nos sumimos en internas fraticidas, se discutieron espacios de conducción, pronunciamientos políticos sobre modernización de la carta orgánica, pero por sobre todas las cosas se dieron claras muestras a la sociedad que hay un radicalismo unido y que ya se piensa como una opción de gobierno, que es el verdadero reclamo que nos hace la sociedad. Este partido político centenario, no con sumisión sino todo lo contrario, con generosidad está mostrando un camino de amplitud y al mismo tiempo de mesura para afrontar los tiempos que vienen. Es el mismo partido político, que cuando para los agoreros de la cultura neoliberal en la Argentina del siglo XXI que encarna en este estadio el gobierno nacional, sostenían que los partidos como tales eran una instancia agotada, demostramos que tenemos un cuerpo colegiado que debate sobre lo que queremos para todos los argentinos en los años que vienen.
Cuando la inobjetable figura de Hipólito Solari Yrigoyen, en su discurso inaugural, sentó las bases de la verdadera utilidad política de la Convención, dejando claramente expresado que es este cuerpo colegiado el que define el rumbo ideológico de nuestra propuesta. Sin preámbulos, habla del gobierno de la Unión Civica Radical, detallando los lineamientos que tendrá el mismo, con la convicción de un hombre que no duda de nuestro destino. Ese debe ser el eje, y el presidente garante de la confirmación impostergable.
Tenemos un partido nacional, que a pesar de todos, pudimos conservar, y por eso ahora hay un lugar donde reencontrarnos, sin apresuramientos, con acercamientos, pasos firmes y tiempos que sanen heridas, porque como dijo Raúl Alfonsin en su reciente homenaje, si no hay dialogo hay violencia, los radicales apostamos al dialogo, en Mina Clavero la Honorable Convención Nacional, sentó las bases para ello, y no solo entre radicales, sino con todos aquellos que piensen como Lebensonh en la doctrina para que nos entiendan y la conducta para que nos crean.
Un bloque de una veintena de convencionales, que no tenemos que sobreactuar alfonsinismo, simplemente porque somos alfonsinistas, con una neutralidad activa apostamos al dialogo y allanamos los caminos para que todos los sectores internos estén representados en la nueva conducción de esta Convención, y transitemos juntos con el aporte de todos el camino de fortalecimiento partidario y entendimiento con otros correligionarios y con otros partidos para la construcción de una verdadera Concertación de fuerzas políticas afines con vocación de transformación.
Esta vez no hubo títulos catástrofes, discutimos en vez de pelearnos, nos mostramos mas receptivos que expulsivos, propusimos en la misma dosis que denunciamos, y porque el mundo una vez en la vida está patas para arriba por las políticas económicas que van a contramano con lo que fueron las líneas radicales históricas, abortadas por derrocamiento en el caso del gobierno del Dr. Illia, y por derrota en el gobierno del Dr. Alfonsin. Con eso o a pesar de eso, tenemos para ofrecerle a los argentinos en este tiempo al cual nos vamos acomodando, un partido político con bases sólidas, con un cuerpo colegiado que funciona, con una identidad nacional que puede hasta prescindir de liderazgos, en contraposición a los agrupamientos que por carecer de identidad son apuestas mediáticas de líderes asfixiantes.
A los radicales desde hace mucho tiempo nos atrasaba el reloj, nos pasábamos discutiendo más lo que nos interesaba o nos convenía individual o sectorialmente que los problemas que había que resolverle a la sociedad. En esas discusiones, sintiéndose perjudicados, con razón o no, pero seguramente con justificaciones, algunos correligionarios abandonaban el colectivo, en muchos casos para conducir sus propios autos. Ahora, espero ciertamente no pecar de ingenuo, vayamos terminando de poner el reloj en la hora de este tiempo, porque la Argentina y el mundo tienen desafíos que los radicales estamos dispuesto a afrontar, con dialogo, con entendimiento, con respuestas técnicas y políticas a las complejidades que nos esperan en los próximos 25 años de democracia.
JORGE ANDRES ILLUMINATI
Convencional Nacional
Provincia de Buenos Aires