Celebramos la iniciativa del Comité Nacional en el sentido de promover
un debate que nos permita la reforma real del partido, convirtiéndolo
en una organización moderna, comprometida con la problemática de la
gente, pero principalmente consustanciado en la construcción de un
modelo de país inclusivo, seguro, predecible, que nos permita a todos
vivir mejor. Creemos que es absolutamente necesario adaptar la
organización y el funcionamiento partidario a los cambios que se han
producido desde la recuperación de la democracia. Por ello, desde una
posición reformista, no desde la defensa del status quo, proponemos se
abra un proceso de discusión y debate orientado a efectuar un
diagnóstico riguroso que nos permita identificar nuestras principales
debilidades y elaborar las propuestas orientadas a superarlas. Las
propuestas que se han dado a conocer nos resultan insuficientes. Desde
nuestro punto de vista, no reflejan los principales déficit funcionales
del partido. Atendiendo las consideraciones precedentes, y ratificando
nuestra vocación de modernizar nuestro partido, manifestamos que
proponer que en la Convención Nacional que se reúne el 3 y 4 de octubre
se trate una reforma a nuestra Carta Orgánica nos alerta sobre el
riesgo de aparecer ante la sociedad inmersos en una discusión acerca de
cuestiones o temáticas que difícilmente asociará a sus preocupaciones
más inmediatas. Sin duda, esto no contribuirá a crear en la percepción
de la sociedad la idea de que su disposición a volver a confiar en el
partido encuentra de nuestra parte una respuesta adecuada. Es nuestra
responsabilidad admitir que la falta de debate en el seno de los
partidos políticos (el nuestro no escapa a esta consideración), sumada
a la falta de análisis sistemático de los problemas que afectan al
conjunto de la sociedad, trajo como resultado organizaciones débiles,
con dirigentes de escaso sustento ideológico y de relativo sentido de
pertenencia. Abordar con coraje y convicción estos temas, así como
atender a que la política necesita de reglas claras, de partidos
organizados, modernos, con posiciones tomadas en los temas más
trascendentes, sin dudas enriquecerá las instituciones de la República,
afianzando nuestras organizaciones políticas.. El radicalismo, a través
de sus máximos órganos y encolumnando a todos, debe propiciar en la
Argentina un debate-acuerdo, con las demás fuerzas políticas y
sociales, estableciendo premisas como la transparencia de los actos
públicos, la pertenencia de las bancas a los partidos, así como el
financiamiento serio y coherente de las principales instituciones de la
democracia: los partidos políticos. Resulta impúdico que una campaña
electoral sea 100 veces más onerosa que el funcionamiento de partidos
que forman dirigentes y estructuran la vocación de la sociedad. Debemos
asumir con compromiso el desafío de modificar la visión de los partidos
políticos como simples vehículos hacia el gobierno, y convertirlos en
herramientas de transformación social. Esto no significa bajo ningún
concepto, resignar la vocación de convertir al radicalismo en un
partido de mayorías, pero primero debemos tener claro el país que
deseamos, abordando con madurez el para que, para luego definir
quienes. Lo contrarío nos haría victimas irremediables del modelo
superficial e irresponsable que impactó la Argentina en los 90. Suponer
siquiera que cualquiera de estos temas es solucionable únicamente a
través de una reforma a la carta orgánica partidaria resulta al menos
un análisis incompleto, puede o no ser un recurso que deba utilizarse
pero no debemos distraer nuestra atención de que muchos de los males
que afectan al sistema político en general y a nuestro partido en
particular encontrarían solución si existiera el compromiso militante
de todos nosotros en asumir con convicción la doctrina partidaria. Es
en este punto que debemos destacar que los comportamientos asumidos por
los dirigentes son los que modifican la relación del partido con la
sociedad, y no reglas de juego que nadie se encuentra dispuesto a
cumplir precisamente porque, como dijéramos antes, se han sumado
dirigentes de escaso sustento ideológico, y la falta de debate interno
no sólo les ha permitido existir, sino que en algunos casos incluso
sobresalir. Debemos encarar entre todos un debate honesto acerca de los
recursos con que cuenta hoy la Unión Cívica Radical, sean estos
económicos, humanos e incluso emocionales. Muchos de ellos, utilizados
adecuadamente en función de un proyecto común que sea abrazado por
todos, nos permitirían tener propuestas sólidas y coherentes a lo largo
y a lo ancho de nuestro país. Acordar con los distintos bloques en
todos los distritos la formación de asesorías políticas del partido, no
sólo de tal o cual legislador o funcionario, nos permitirá debatir
internamente y asumir hacia fuera posiciones claras y fuertes, pues
serán las de todos. Disponer de recursos para la organización de una
oficina de difusión, no sólo de las acciones de algunos, sino las
propuestas de todos, seguramente harán a nuestro partido, modernizarse,
y acercarse rápidamente a la sociedad toda. Sería un error que la
cuestión de la reforma derive en una compulsa que en definitiva no es
la demanda principal de la inmensa mayoría de los radicales. Desde esa
posición auspiciamos que la Convención Nacional encare la tarea, junto
con el Comité Nacional, de lograr los consensos sobre cuales son los
instrumentos y acciones que modernizarán al partido convirtiéndolo en
una herramienta transformadora de la sociedad, ocupándonos de las
políticas de fondo, que planteen la Argentina con la que todos soñamos.
Ello requiere compromiso, responsabilidad, valentía y mucha militancia,
convoquémonos todos y llevemos al partido nuevamente al centro de la
escena nacional.
Radicales para el cambio
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