"Las conquistas pendientes de la democracia".
A lo largo de toda mi vida política me he ocupado y preocupado por acercar ideas, en la acción política partidaria y en la gestión de gobierno dos valores clave de la vida democrática, la libertad y la igualdad. Sin embargo, en el transcurso de estos veinticinco años de democracia he ido comprobando dolorosamente que, año a año, gobierno tras gobierno, se fue abriendo un hiato, cada día más grande, entre las expectativas infinitas que existían en cada uno de los habitantes de nuestra Argentina ese domingo 30 de octubre de 1983, y lo que efectivamente hemos ido consiguiendo gobernantes y gobernados.
La recuperación de la democracia fue una conquista colectiva de la sociedad argentina, y afirmar esto no implica un gesto de humildad ni un intento de compartir responsabilidades en los logros y en las correspondientes esperanzas depositadas en la democracia. Asumo la enorme cuota de responsabilidad que me cabe, por haber sido elegido para presidir la nación y por haber tomado las decisiones que tomé durante mi gobierno. Creo, sin embargo que, como ciudadanos y como sujetos políticos, tenemos la imperiosa necesidad de ponderar la distancia entre las demandas insatisfechas y el ideal de la democracia, de modo de apreciar el camino recorrido y los logros alcanzados en función no sólo del ideal que es nuestro horizonte sino del punto desde el cual partimos. Eso es lo que nos salvará del cinismo desencantado y la desconfianza desmovilizante.
Es justamente la mirada comprehensiva del camino recorrido y las transformaciones experimentadas en nuestra vida como sociedad, camino y transformaciones culturales y políticas que hacen ya impensable la antigua invocación y amenaza del péndulo cívico militar ante cualquier atisbo de conflicto distributivo, la que evitará que nos resignemos frente a las “promesas aún incumplidas” de nuestra joven democracia. La que evitará que, por no haber podido construir aún una sociedad más justa e incluyente, compatible con el concepto de democracia, abandonemos o rebajemos el ideal de democracia al nivel de nuestras debilidades políticas; muy por el contrario, ese ideal debe servirnos de guía para la acción política.
Muchas veces hemos escuchado, algunas veces con humor o ironía, otras con cinismo e hipocresía, las más, tal vez, con incomprensión, comentarios acerca de una de las afirmaciones que caracterizaron mi discurso de 1983: “en democracia se come, en democracia se educa, en democracia se cura”. A lo largo de estos 25 años, y no por terquedad gallega sino por una profunda convicción de la razón y la voluntad, sigo sosteniendo la validez de esa afirmación y lo hago con una convicción aún más profunda, reforzada por la experiencia común que vivimos los argentinos y los latinoamericanos.
En democracia somos los ciudadanos los que elegimos a nuestros gobernantes y representantes, y en consecuencia, salvando los distintos niveles de responsabilidad, todos deberíamos ser responsables de elegir los dirigentes y las políticas más adecuadas para construir una sociedad en la que todos puedan comer, se puedan educar, y se puedan curar. De acuerdo con nuestra Constitución hubiera podido decir que “todos somos responsables”, pero he utilizado ex profeso el término “deberíamos ser” porque aún tenemos que alcanzar la democracia, todavía debemos recorrer un camino para llegar a ser una sociedad que pueda efectivamente optar amplia y libremente, con información y conocimiento, por las mejores políticas, y no resignarnos y quedarnos con las menos malas. Esto significa que aún estamos en la etapa de la república, en la que podemos decir que es en la que “no nos matan, no nos detienen por nuestras ideas”.
Se que los dirigentes políticos tenemos una responsabilidad mayor, pero una sociedad es efectivamente democrática cuando está formada y vivida por ciudadanos democráticos porque es entre todos que iremos acercándonos al ideal de democracia haciendo posible que la mayoría identifique y apoye no a los hombres, sino a la ideas y políticas que encarnan esos hombres, de modo que efectivamente construyamos con diálogo, discusión, consensos, firmeza y confianza mutua, una sociedad en la que todos puedan comer, educarse y curarse.
RAUL ALFONSIN
NOTA PUBLICADA EN EL DIARIO CLARIN
24 DE OCTUBRE DEL 2008